jueves, 26 de abril de 2012

Home idem Sorrow

Delirios de Penny Lane a las 11:27
Reacciones: 
2 Dream's Enlaces a esta entrada

Capítulo 3
Home idem sorrow

REC: Family Portrait - Pink



"In a family portrait,
 we look pretty happy..."



La gente nunca estará conforme, y se supone que tienes que hacer las cosas de la forma en que consideres correcta. Nunca lograrás que todos estén conformes.
Pero bien, nadie te advierte de lo que tienes que soportar cuando los reproches lleguen.
Arrodillada en el piso, con un trapo de piso entre mis manos, era el más puro y degradante sentimiento de esclavitud el que tenía que soportar. Mi madre me sentenció a secar el enchastre que yo había hecho en el piso en un descuido, lo que es más normal que respirar en una persona torpe como yo. Había sido una tontera, y ella también estaba limpiando el agua de la heladera, pero esta es una de las pocas partes de mí, de mi personalidad, de mi carácter, o de mi temperamento, que conozco con certeza. Hipersensibilidad, la amo tanto como la aborrezco.
Una prueba era lo mucho que me afectaban, interiormente, sus insultos mientras secaba el agua. Apenas mascullados entre dientes, más para sí misma que para mí o su hijo menor, eran suficientemente audibles como para oírlos y que me lastimasen.
No importaba lo que hiciese, mi madre pocas veces realmente lo apreciaba. Supongo que es su carácter, y no puedo juzgarla realmente, pero no puedo evitar escribir sobre ello, si continúo manteniéndolo en mi mente, carcomiéndome cada vez que se presenta la oportunidad, terminaré roída como los huesos que se tiran a los perros.
Es como si constantemente estuviese buscando errores en cada cosa que yo hago. Si me despierto sola a las siete de la mañana, en plenas vacaciones, y ocupo la mañana para limpiar mi habitación a fondo –acontecimiento que ocurre una vez cada tres meses- , después limpio su balcón y me paso cerca de dos horas en la cocina preparando la comida que le apetece…
No, no le basta. Ella se enoja.
-¿Y la ensalada verde?
-¿De rúcula sola? Te dije que no hay tomate.
-¿Qué te dije que hagas si no había tomate, eh? Ves que no me escuchás cuando te hablo, pendeja? Te cagás en lo que te digo.
-…
-Te dije que si no había tomate hagas rúcula con zanahoria.- Suspiró hastiada, y realmente lamenté no haberla escuchado. Yo sabía que era mi culpa por vivir la mayoría del tiempo en las nubes. Odiaba fallarle de esa manera, y la mayoría del tiempo la hacía tan inintencionalemente que me estaba hartando de mí misma, no sabía cómo mierda evitarlo.
- ¿Hace cuánto que no comemos ensalada verde? Todos los días hay que comer algo verde.
No pude más, tenía una mezcla de arrepentimiento, enojo y frustración que manipularon mi cuerpo de tal forma que por un momento dudé se yo misma. Me sentía simplemente  como algo, alguien, o nada, encerrada en algo grasiento y enorme, lleno de grietas e imperfecciones. Sentí como si no me perteneciera a mí sino a mis emociones, a mis sentimientos estúpidos y usualmente encontrados. Me levanté de la mesa pese a que mi madre me dijo que ya estaba hecha la cagada, impulsada también por la tozudez.
Hice un poco de ensalada, lo suficiente para dos personas, mi hermano comería media cucharada seguramente. Él odia tener que comerse las verduras, como cualquier niño supongo.
Solamente cuando todo estuvo en la mesa y me tome un vaso de agua fría con limón, comencé a comer. Antes un nudo me atenazaba la garganta, impidiéndome siquiera pronunciar alguna palabra más coherente que un graznido sordo. Era la mezcla de todo lo que sentía.
Principalmente no sentirme digna de nada. No me había pasado la mañana durmiendo como otras veces, y como la mayoría de los adolescentes. Había colaborado con ella, con la casa ¿Y se enoja por lo único que hago mal? ¿Se enoja porque no hago una puta ensalada?
Me pasa mucho con mi madre. Pero estaría exagerando si digo que todo el tiempo. Algunas veces me dice que está muy orgullosa de mí, que soy una muy buena persona. Que está orgullosa de cómo me va en el colegio. Pero después están esas otras veces, en las que parece que fui un forro pinchado desde el principio de mis tiempos. Seguiré intentando supongo.
Ahora que lo pienso, mi padre también es así. Las veces que venía a visitarme a mi casa, lo que en aquella época parecía poco pero en comparación con la cantidad de tiempo que pasamos sin vernos o hablarnos en la actualidad, era como si realmente no estuviera separado de mi madre; y yo le mostraba mi libreta, pasaba totalmente por alto los dieces. Cada nueve era el perfecto e infaltable equivalente a  ‘¿Porqué nueve y no diez?’, con los ochos y los siete ocurría lo mismo. En mi inocencia, me esforzaba por mejorar mis notas, aunque nada fue nunca, y supongo que tampoco será, lo suficientemente bueno para él.
Hace un par de años, me tiró una indirecta sobre las buenas notas en el colegio que una vez analizadas por mí, en la soledad de mi habitación a oscuras claro, me dejaron con la boca abierta. Me dijo que él y su novia creían, y seguramente lo deben seguir haciendo, que de haberse relajado más mientras eran jóvenes, y disfrutar más de la vida en vez de pasárselas estudiando, hubiesen llegado al mismo lugar donde están ahora. Ergo: tanto estudio al pedo, el nunca terminó la Facultad incluso después de diez años, y ella… no estoy segura. Pero tiene un consultorio de medicina tradicional china, así que supongo que el Profesorado de Biología tampoco le sirvió de mucho.
Como sea, ahorra me pregunto cómo mi padre se atrevió a decirme eso. ¿Y luego de tantos años de martirizarme porque no obtenía la nota más alta y sobresaliente de todas? ¿Ahora me decía que me relajara y me tomara la vida con calma porque se me estaba pasando entre libros?
Justamente ahora que he dejado de buscar su aprobación, que no me mato estudiando, que ando floja en matemáticas –en realidad siempre lo estuve, pero en la primaria todo era demasiado fácil como para no aprobar- que apenas si repaso el material de estudio antes de la evaluación y acudo a lo dicho por el profesor en clases… Justamente en esta etapa en la que me siento más floja que nunca en el colegio, ¿Él me viene a decir que me tome un descanso?
No es para tanto, no. Y mi única objeción es que odio la hipocresía y lo que me dijo esa noche en su casa, sentados en una tambaleante mesa de jardín ubicada en la sala de su casa, e pareció totalmente hipócrita.
Ah, pero… No me gustan los peros, pero tengo una extraña capacidad para entender las motivaciones de la gente que me permite saber porque me dijo lo que me dijo.
Yo acababa de llegar y sentarme en la mesa, él de hacer un mate y acompañarme con su cincuenta por ciento. Comenzó la típica charla sobre el colegio. “Cómo te va, te llevaste alguna materia, como son los profesores, que tal el colegio, blah, blah, blah” Pero nos estancamos en la segunda pregunta, cuando yo le respondí contenta y orgullosa de mí misma, que había terminado el segundo trimestre del colegio sin ningún sobresalto.
Con la idea generalizada que se tiene de la adolescencia, es decir joda, rebeldía, notas bajas, más joda, peleas con la madre, con los profesores, querer viajar a Disney, querer una moto, más peleas, más joda y tal vez drogas… Yo no encajaba en ningún parámetro.
Malditas fiestas: todas mis compañeras bailando y yo parada, sin entender demasiado qué estaba pasando. Ellas tomaban alcohol, yo miraba. Ellas saltaban y gritaban, yo miraba. Y no desde el resentimiento, sino desde el desconocimiento total, porque nunca entendí cómo alguien puede divertirse en un lugar así: lleno de humo y de gente sudorosa que baila sin parar y alcohol y mentiras y gente en busca de gente y el desorden y el tumulto. No, no es para mí. Quizás por eso no tuve viaje de egresados ni fiesta de quince. No me gusta la gente y menos la gente acumulada en lugares cerrados. No, lo siento.
No me gustaba, ni me gusta [1]- del todo apretujarme con doscientas personas más en un espacio reducido, bamboleando los ‘atributos femeninos’, sudar como si estuviese corriendo en los Juegos Olímpicos, mientras se me llenan los pulmones de nicotina y otros gases tóxicos altamente adictivos. Ni hablar de la famosa fiesta de 15 a la cual me negué en seco apenas me preguntaron, al igual que la moto o las libretas que más que calificaciones parecen tarjetas de navidad por el colorido entre las casillas que ocupan los números.
Así que supongo que le preocupaba que me importase y esforzase tanto en el colegio que olvidase vivir la vida. He ahí el resultado de dicha preocupación paternal, tan impropia como sorprendente en él.

~o~

Muchas preguntas que al final del ovillo sólo encuentran una respuesta nula. Demasiados axiomas oxidados, demasiadas frases y poemas acumulados en una casilla de correo electrónico o en la memoria de un celular. Demasiadas frases de apoyo cariño, comprensión y calidez. Pintar un mundo tan puramente rosa como las baldosas sobre las que apoyo mi cuerpo exhausto, dolorido y mojado…
Tan rosa, simétrico y perfecto como los azulejos, aunque de azules no tienen nada, de los que se vale mi rostro para mantenerse en pie mientras lágrimas gruesas, calientes y saladas ruedan por mis rechonchas mejillas. En un eterno camino que recorrerán hasta que alguien me estreche en un cálido abrazo que me reconforte de tal forma que todas las heridas hayan cicatrizado por completo.
Muchas preguntas encabezadas por el coronado cuestionador ¿Por qué?
Tan en vano es hacerlas como buscarles una respuesta. Pero no parezco ser capaz de evitarlas. Claramente sé que los porqués nunca importan, sino las consecuencias que generan las respuestas a estos porqués.
Aún así, las formularé. Les daré forma a las ideas que me acechan, porque lo que no se pone en papel, se lo lleva a la tumba o se lo lleva el viento dice Isabel Allende. Y lo cierto es que si no escribo ahora, lo más probable es que recurra a la jeringa y a la aguja guardada en una de mis mesitas de noche para atravesarlas sin piedad en la piel de mis muñecas y antebrazos.
¿Por qué nada parece ser suficiente para mi mamá? ¿Porqué bastan un mal día para que todo el supuesto orgullo que tiene por mi se desvanezca? ¿Por qué presiento que ese orgullo es tan efímero como una risueña mariposa? ¿Por qué siento que no puedo confiar en ella? ¿Por qué me abandona cuando la necesito? ¿Por qué no me escucha cuando le hablo?
Ja, ¿Y después soy yo la que “Se caga en lo que le dicen”? ¿Y por qué tiene que decirme que soy egoísta? ¿Por qué tiene que repetirme hasta el hartazgo, entre gritos desesperadamente histéricos a la par de muebles siendo desplazados de aquí para allá y bofetadas acertadas, lo parecida a mi padre que soy? ¿Por qué ella también me echa en cara lo inútil que soy? ¿Por qué me dice que no coopero con ella, cuando la realidad es que simplemente no me voy de mi casa –esa sólida casa de material que para mí solo es un hogar de cristal- para no desplomar todo el peso sobre sus hombros? ¿Por qué parece jamás cansarse de decirme lo mala hija que soy, lo desconsiderada que soy?
Y la única respuesta que tengo a todo esto es el silencio. Una rápida huída a cualquier lugar que mantenga a mi madre lejos, preferiblemente a veinte metros a la redonda. Labios hinchados. Duelen de tanto retener sollozos deseosos de salir a la luz por primera vez. Ahogados, producen temblores fantasmagóricos en todo mi cuerpo, en mi alma, en mi corazón, en mi mente. Me invaden y apretó más la boca, me muerdo los labios hasta que el gusto salino ferroso de la sangre inunda mi boca. Me llena un sórdido placer me inunda y hundo las dientes aún más en una lacerada lengua que lo único que sabe hacer es callar. Comer. Vomitar.
Gotas de cristal salado se derrumban en picada desde mis pestañas, nublándome los sentidos. Pero ya no hay nada que ver, desaparecí de su vista y me refugié en mi habitación. Sumergida en las penumbras me permito separa los labios. Un suspiro ahogado se escapa casi instantáneamente, pero los ruidos estúpidos y traicioneros no parecen querer volver a las profundidades, quieren salir. Lo necesitan. Pero yo no puedo, no puedo permitírmelo. No puedo permitir que ella me escuche. No way. Le doy la espalda a las ventanas, por donde un delgadísimo hilo de luz plateada se cuela, y concentro mis ojos en la oscuridad. Negro impertérrito es todo lo que soy capaz de ver, y por fin siento que la opresión en mi pecho disminuye. No del todo claro, que desaparezca sería demasiado fantasioso incluso para mí, pero al menos disminuye.
Recuerdo toda la gente que habla de encontrar la luz. De salir de la oscuridad. Lia confiesa que nunca permitió que Cassie se recuperara de la bulimia porque temía estar sola en las sombras. Bien, pues la entiendo, pero no es mi caso. Negro azabache es lo que necesito. Oscuridad, sombras, penumbra, niebla, frío, nieve, dolor… No digo que me ayuden a sanar, pero es lo que necesito en este momento para poder respirar con una relativa normalidad.
Pensándolo bien, la idea de agujas penetrando la blanca piel de mis antebrazos no suena tan lúgubre ni espantoso ni loco ni emo ni nada. Suena más como el dulce elixir a mis lágrimas, la cataplasma que cicatrizará mis heridas de a poco. ¿Irónico, no?
Pues sí, por si no se dieron cuenta antes, encuentro liberación al dolor cortándome o hincándome agujas en las principales arterias de los brazos. Extrayendo sangre y desparramándola en una toalla, presionando la jeringa de a poco para que la sangre salga en pequeñas gotas que me permitan escribir. En un extremo se pueden leer las palabras I can’t forget you. Del otro lado, en otro momento de crisis maternal escribí las palabras de habla inglesa Pain, Hate, Insane y Lonely, con las letras dadas vuelta, en sentido contrario o con la letra demasiado gruesa.
Cielo Latini, en su libro Abzurdah, derechos reservados y sin ninguna intención de plagio, lo describió muchísimo mejor de lo que yo alguna vez voy a poder hacerlo:
Auto-mutilación, así la llaman en Internet. Sí, tengo la maldita manía de investigar cualquier cosa que hago o me pasa. Me interesé en el tema y descubrí con verdadero asombro que no era la única que lo utilizaba como método de sustento, como manera de seguir viva sin que te consuma el dolor.
            SI o Self-Injure, así lo denominan en inglés. Hay muchísima información dando vueltas por la net. En aquel momento me sonaba desconocido y sin embargo la auto-mutilación no era tan nueva. Es un método de compensación, puede llamárselo así. Me enteré de que está muy relacionado con los desórdenes alimenticios y los comportamiento adictivos y que aunque no es socialmente aceptado es más común de lo que imaginé. Muchos lo catalogan como una necesidad de atención o manipulación pero es antes que nada la expresión interna de un grito interno.
            La autodestrucción puede tratarse de cortes, quemaduras, rasguños y pueden ser vistos como una forma de expresar el dolor – una forma no verbal de comunicación donde los sentimientos son externalizados a través del cuerpo donde podrán ser tratados e un modo más visible.

            El acto de mutilación puede ayudar a una persona a liberarse de un sentimiento intenso de rabia, tristeza, soledad, vergüenza, culpa y/o dolor emocional. Mucha gente que se corta lo hace como un intento de liberar aquellas emociones que están sintiendo y sin embargo no pueden expresar. Yo particularmente me sentina tan muerta que ver salir la sangre me ayudaba a darme cuenta de que realmente estaba viva.
            Cualquiera sea la forma de auto-mutilación que se use se siente después paz y calma. Como esos sentimientos son solamente temporarios, la persona va a seguir lastimándose hasta que realmente empiece a tratar con los verdaderos problemas que hay dentro y encuentre forma más sanas de aliviar la pena.
            ¿Por qué una persona querría lastimarse a sí misma? ¿Por qué una persona querría dejar de comer? Son las mismas preguntas de siempre. Hay muchas maneras de abusar de uno mismo y la anorexia también es una de ellas. Las personas encuentran en el auto-abuso una paz que ninguna otra cosa les da. Les permite aliviar los sentimientos y emociones e incluso huir de ellos. Si los individuos sienten odio contra si mismos la cortarse sería la manera de sacar todo ese odio de adentro. Quizás se digan a si mismos que son feos, que son inútiles, que nadie los quiere. El dolor que nos pueden causar nuestras propias palabras no tiene límites.
La historia de las cortaduras puede significar "necesito atención" o quizás "necesito ayuda". La persona que se corta no quiere matarse, pero si quiere que se le preste atención, que se le escuche. Es importante saber lo que estamos haciendo, pero más importante es saber por qué lo estamos haciendo. Nadie se comporta mal porque sí y si nos cortamos es porque sentimos que hay algo positivo en el acto.
            Así como los desordenes alimenticios se usan para aliviar la pena interna, el acto de cortarse o quemarse tiene el mismo fin: ayudar al individuo a tratar con esa pena interna. La auto-mutilación es probablemente la menos entendida de las formas de autodestrucción y hay muchos mitos asociados con ella, lo cual hace que la gente se sienta avergonzada de pedir ayuda o de hablar sobre ello. Muchas de las personas que se cortan son perfeccionistas y no son capaces de manejar sentimientos intensos, tampoco saben describir sus emociones verbalmente, no les gustan su forma de ser o su cuerpo y pueden experimentar cambios en el humor muy repentinos. Pueden cortarse como una manera de expresar sus emociones y sentimientos, o como castigo.”

La primera vez que dije, o mejor dicho, confesé mi tendencia a la auto mutilación y los factores que la motivaban me dijeron que yo me centro mucho en mis defectos.
En ese momento hasta lo acepté como mi realidad, sin embargo ahora, en este puto segundo, no podía dejar de pensar que es imposible sentir una cosa cuando todos te hacen sentir algo totalmente opuesto. No puedo, y tampoco sé como centrarme en mis logros si constantemente me están restregando en la cara que represento un gasto de oxígeno en el planeta.
¿Cómo quieren que me tenga un poco, el más mínimo cariño a mi misma si mi propia madre me hace sentir  como la peor mierda que alguna vez haya existido? ¿Cómo mierda puedo tener un poquito de autoestima si la persona que me trajo al mundo me dice que soy inútil? Y justamente ella, de los billones de personas en el mundo que me pueden disparar un misil de ese calibre, nada más ni nada menos que la mujer que me tuvo en su vientre durante nueve meses y una semana. La misma que me amamantó durante un año y medio…
Me cuesta creer que lo hizo. Me cuesta pensar en la idea de ella abrazándome con verdadero cariño. Hablándome con genuina dulzura mientras dormía.
¿Y qué pasa si no sólo lo hace ella, sino también mi hermano pequeño? ¿Y si a la ecuación añadimos un padre presente sólo… Bueno, a decir verdad no sé ni cuando está presente en mi vida. Ni siquiera puedo decir que me abandonó, que murió, que está en la guerra o que no tengo porque soy fruto de una inseminación artificial. Nop, yo tengo uno, pero está demasiado ocupado con una novia y tres hijos ajenos de los que se siente responsable, un trabajo satélite y estudios universitarios… Una hija adolescente y un hijo de diez años son demasiado para su apretada agenda.
 ¿No se suponen que son justamente esas las personas a las que se tiene que tener un apego, un sentimiento de hogar, un cariño más fuerte que cualquier otra cosa en el mundo?
¿Si me quieren, entonces por qué me tratan de esta forma? ¿Por qué nunca se cansan de decirme que me rasco el culo frente a una computadora todo el día y que no hago nada para ayudar con la casa? ¿Soy entonces una persona tan deplorable que ni el cariño de mi madre merezco?
Porque es exactamente así como me siento. Despreciable, sucia, estúpida, inútil, un desperdicio del mundo, alguien inservible. Egoísta. Desagradecida.
¿Cómo pueden esperar que sea una persona remotamente funcional si  las personas que me tendrían que contener y entender simplemente me desprecian? Se dedican a buscar cada pequeño defecto en  cada cosa que hago. Y lo señalan, y se enojan conmigo por no ser lo suficientemente eficaz.
Y estoy exagerando, lo sé. No se pasan todo el santo día buscando quemaduras en el pan que horneo, pero sí se lo hacen demasiado seguido. Más de lo que puede ser sano para cualquier ser humano. Sé que me quieren. Pero que me quieran y me traten de esa forma no hace que duela menos. ¿Acaso es eso lo que tengo que aprender en mi círculo familiar? ¿A lastimar psicológicamente a las personas que amo?
Mi madre en algunas ocasiones, que se pueden contar con los dedos de una mano pero al menos existieron,  me había dicho que ella se había sentido muy sola en su adolescencia. Que se había sentido tan incomprendida que no quería que lo mismo me pase a mí.
Bueno, pues la verdad es que para mentiras mejor visiten otra web o hablen con otra persona. Para mi lo primero es la honestidad. Así que ma, te confieso que fallaste.
Vos tuviste un comienzo de bulimia, probablemente fruto de la inseguridad que te causaba estar lejos de tus padres, viviendo bajo el mismo techo que una hermana diez años mayor. Una hermana casada, muy ocupada en sus propios asuntos como para detenerse a pensar en tus necesidades emocionales. Y yo estoy entrando en la anorexia, en la bulimia, disfruto del dolor mucho más que de la momentos felices o la dicha porque esos son simples destellos, jamás duran lo suficiente como para llamarlos felicidad. Y si dura, no me preocupo demasiado, porque sé que en cualquier momento llegará alguien a romperme la burbuja. Al dolor  en cambio, me puedo aferrar hasta que los dedos se me acalambren. Disfruto viendo como la sangre brota de mi piel, un líquido carmesí contra mi piel blanca cual crema.
Nunca sentí que realmente podía confiar en mi mamá. Y si pudiera, no me atrevería, ya es bastante carga ser el único pilar de una casa, dos hijos, el trabajo… Nunca podría ser tan egoísta. Hasta puedo entender que se descargue conmigo en algunas ocasiones, ¿Pero tengo que ser siempre yo el saco de carne disponible para golpear?
No suena justo…
¿Quién dijo que la vida sería fácil? ¿Quién mencionó que sería justa? Susurró mi conciencia.
¿Y quién diablos nos puso la idea de la familia en la cabeza, para empezar?
Bueno, al parecer esa es la única pregunta a la que tengo una repuesta decente: La Iglesia. Si, díganme loca pero estoy convencida de que gracias a esa mafia las mujeres y los hombres tuvieron que atarse de por vida, comenzando lo que llamamos familia. Allí nada te faltará: tendrás una madre cariñosa y comprensiva, y un padre fuerte y trabajador. Y luego vendrán los hijos, y toda tu dicha estará completa.
¿¡Qué mierda!?
Cito a Osho, porque el parece ser mi eterno guía espiritual en esta fangosa búsqueda de mi misma, de mi camino correcto. Llena de niebla, rodeada de fríos latigazos de soledad, cubierta de oscuridad en un rincón de mi habitación… El parece tener la respuesta que busco:
“Sin amor no tienes alas. Pero como es tan nutritivo y tan necesario, todo lo problemas han surgido en torno a él. Quieres que tu amante o tu amada también esté disponible para ti mañana. Ha sido muy hermoso hoy, y te preocupas por mañana. Por eso se creó el matrimonio. Es sólo el miedo a que quizás mañana tu amante o tu amada pueda dejarte… así que conviértelo en un contrato ante la sociedad y ante la ley. Pero eso es feo; es absolutamente feo, repugnante. Convertir al amor en un contrato significa que estás poniendo la ley por encima del amor; significa que estás poniendo a la masa colectiva por encima de tu individualidad y estás usando el apoyo de los tribunales, de los ejércitos, de la policía, de los jueces, para que tu sometimiento sea absolutamente seguro y definitivo. […]
Karl Marx tuvo una idea, la certera idea, de que en el comunismo no habría matrimonios. Y cuando la revolución sucedió en Rusia, durante los primero cuatro o cinco años, intentaron que el amor fuera libre. Pero entonces se dieron cuenta de las dificultades prácticas de las que Marx o era consciente –él sólo estaba teorizando- y la mayor dificultad era que si no hay matrimonio, la familia desaparece. Y la familia es la columna vertebral, el espinazo mismo de la sociedad, de la nación. Si la familia desaparece, entonces la nación no puede durar mucho.
Tan solo cinco años después de la revolución, el Partido Comunista de Rusia cambió toda la idea. El matrimonio volvió a ser apoyado; se permitió el divorcio, pero muy  disgusto: se creó todo tipo de obstáculos para el divorcio, porque ahora estaban interesados en fortalecer la nación. Sin la nación no habría políticos, no habría gobiernos. Y después de eso, nunca hablaron del hecho de que una de las ideas fundamentales de Marx era que el matrimonio fue creado debido a la propiedad privada, de modo que cuando la propiedad privada desaparece, el matrimonio también tiene que desaparecer. Nadie habló de ello.”
Qué cantidad de mierda nos ponen en la cabeza desde que nacemos, ¿no? Quiero decir, si no nos inculcaran toda esta cultura de la familia comprensiva y del amor eterno creo que todos nos llevaríamos menos decepciones en la vida.


[1] pero me sobra la paciencia y no me niego si alguien quiere que la acompañe

Blogger templates

I write like
Margaret Atwood

I Write Like by Mémoires, journal software. Analyze your writing!

Blogroll

I write like
J. D. Salinger

I Write Like by Mémoires, journal software. Analyze your writing!

Blogger news

I Write Like by Mémoires, journal software. Analyze your writing!

 

Penny Lane Ѽ Copyright © 2012 Design by Antonia Sundrani Vinte e poucos