jueves, 18 de octubre de 2012

My little Phoenix

Delirios de Penny Lane a las 21:21
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My Little Phoenix


“She was robbed of her innocence,
had no more time to play.
She's only a little girl,
but she's stronger than the flames”

REC: My little Phoenix - 
Tarja Turunen


Comenzaba el año lectivo 2006 cuando una Emelyn llena de expectativas para el nuevo año, con la mente plagada de actividades excitantes, preparaba su uniforme escolar un domingo por la tarde. Dicho uniforme estaba conformado por una chomba talla 12 –aunque ella apenas tenía 10-  color turquesa con el logo del instituto Nuestra Señora Iluminada bordado sobre el corazón, pollera azul marino tableada, medias azul marino, zapatos que su madre había regateado en el mercado negro de la capital Misionera la semana pasada en compañía del insustituible aguinaldo (1). Debido a la estricta normativa del colegio, debían ser negros y Emelyn se había encargado  personalmente de que su reflejo sea prácticamente tangible en la superficie azabache del calzado.
Odiaba la pollera con toda el alma, debido a que nunca en los cinco años que había pasado en el Instituto, había podido ubicarla de forma correcta en su cuerpo. O estaba debajo de la panza –parte anatómica que en cualquiera de sus compañeras era plana, para ella consistía en un gran rollo de cuero blanco y terso relleno de comidas secretas a medianoche- haciendo que ésta saltase como un gran cartel de “HEY MIREN AQUÍ, ME LA PASE COMIENDO DURANTE TODAS LAS VACACIONES EN LA CASA DE MI ABUELA” al que no daría mayor crédito si no fuera por la insistencia en adelgazar que ejercía su madre, constantemente; o por el contrario el elástico subía tanto que le llegaba a la cintura, haciendo que la recatada falda subiera demasiado para el gusto de la monja que regentaba el establecimiento.
Mientras colgaba el azulado uniforme en una percha sobre la cama contigua a la suya, no podía detener el ritmo de su mente. Mañana sería lunes y vería a Allie nuevamente, después de tres largos, agonizantes meses de vacaciones. Las cosas habían terminado tremendamente mal el año pasado entre las amigas.
Por un lado, había momentos en que existían ellas dos y nadie más. Dos princesas que lucharían contra todo y contra todos, eran invencibles, eran inseparables, eran unidas, estaban hechas a medida por un reconocido sastre italiano; habían sido perfectamente diseñadas para encajar la una con la otra. Desafortunadamente, donde hay fuego, hay hielo. Existían momentos en que el mundo se tornaba gris, las horas pesadas y la gente a su alrededor, insoportable.
Los problemas de la chica risueña tenían un único nombre y apellido: Fiorella Castillo. Era el sinónimo de odio para Emelyn, y asimismo el segundo término luego del signo igual en la ecuación ‘felicidad’ de Allie. Una tercera persona a la que Emelyn no le encontraba cabida en su vida social, y tampoco estaba contenta de que su mejor amiga si lo hiciera, con demasiado gusto diría ella. Por eso la odiaba, por eso la envidiaba, por eso le guardaba un rencor desconocido en ella hasta que las palabra ‘Fiorella Castillo’ se pronunciaba.
Fiorella Castillo encarnaba todo lo que físicamente Emelyn deseaba, ya que su lado intelectual era raquítico, por no decir anoréxico. Piernas largas, abdomen delgado, rulos… no es que le importasen demasiado las agraciadas facciones de la interpelada, ya que era la gordura extra o faltante lo que más le preocupaba a Emelyn en la vida (después de Allie, claro), y Fiorella carecía de tejido adiposo por completo. Tenía la risa fácil, era volátil, divertida y sobre todo, falsa. Disfrutaba con el dolor ajeno, así como también lo hacía Jennifer, otra alumna del Instituto católico al que asistía Emelyn.
No solo envidiaba a Fiorella por su físico, la envidiaba por darle a Allie todo o que ella no podía debido a su flemática personalidad. Veía pasar con angustia las horas en que la razón de su existencia y el fruto de todos los malos pensamientos se enzarzaban en juegos como el elástico –al que ella nunca pudo o quiso jugar porque requería habilidades saltarinas que el rechoncho cuerpo no le facilitaba-, saltar la cuerda o jugar a los ladrones y policías.
Fue así desde primer grado, cuando Allie tenía tan solo cinco años, Emelyn seis. La historia de mi vida, solía pensar Emelyn con rencor. Con lágrimas agrias en los ojos mientras recordaba como Fiorella no dudaría en cambiar a Allie por alguna otra zorra con la que pudiera pasar el tiempo. Y la boba de Allie seguía corriendo detrás de su peor enemiga, ¿Acaso no se daba cuenta de que la usaba como a un trapo? ¿Por qué no la escuchaba cuando se lo repetía con calidez y elocuencia?
Este eterno y anticuado antagonismo fue la causa de una pelea a fines de 2005 entre Emelyn y Allie que dejó a la primera destrozada, llorando por días debajo del acolchado de algodón rosa chicle confeccionado por su madre tantos años atrás. Finalmente logró reponerse al mal de corazón, para recubrirse con la herencia española legada por su abuela materna –un orgullo tenaz e implacable que caracterizaba a los Lorenzo-, dando por resultado un vacío entre ella y Allie durante todas las vacaciones de verano, que constaba de nada más ni nada menos que tres meses de calor extenuante. Se encontraba herida, carcomida por los celos y la envidia, lastimada profundamente cuando la única persona que quería con el alma la rechazó. Nada más ni nada menos que  para ayudar a estudiar a Fiorella para rendir exámenes en diciembre, junto a las chicharritas cantoras.
Como lo he mencionado anteriormente, la capacidad intelectual de Fiorella no era para nada un pilar agradable o envidiable de su persona, ya que ésta reprobaba materias y la otra tonta -que tenía materia gris en vez de pasta dental en los sesos- se dedicaba a enseñarle con un mapa físico de la República Argentina la ubicación de las distintas tribus indígenas.
Quería gritarle que no era justo. Que la quería junto a ella, para pasar un verano espectacular junto a Gretchen y Alexa. Quería abrazarla también, pero Allie no era dada a las demostraciones cariñosas por lo que toda la vida se abstuvo. Quería gritarle que la estúpida de Fiorella era una hueca que no la merecía, que la cambiaría ni bien surgiera alguien nuevo a quien joderle las bolas. Quería decirle cuanto le dolía lo que decía Fiorella de ella, cuanto le dolían las burlas y los “gorda puta” susurrados a media voz entre sus compañeros y de los que Allie parecía totalmente ajena. Quería gritarle que haga lo que tantas veces soñó, lo que tantas veces practicó: mandarle a la reverenda mierda a Fiorella. Quería pedirle que no se aleje jamás de su lado. Quería, necesitaba que estuviese a su lado, ¿Quién más lo haría, sino? Con su madre ocupada a tiempo completo con un relevamiento ecológico y proyectos ambientalistas, con su padre trabajando entre japoneses en el mismo proyecto, con un hermano menor con el cual le era imposible hablar más de dos palabras sin perder la voz monocorde o la efímera paciencia. ¿Quién quedaba a su lado? ¿Nafga? No lo creía…. Su verdadera amiga, su verdadera y única mejor amiga desde el comienzo de los tiempos, era Allie.
Quería tanto lo que no podía tener, que se dejó cegar por el orgullo. Completamente aislada por el pesar de la traición cuando Allie anunció con exagerado entusiasmo sus ganas de cambiarse de colegio el año siguiente. Aparentemente era algo inocente, a que en dicha escuela cursaba su hermana menor, Makkena, pero Emelyn lo tomó a pecho, como un injurio, el más grave de los pecados, venganza por ser una persona tan desastrosa.
Me abandona, pensó Emelyn reteniendo las lágrimas mientras se las ingeniaba para conferirle a su voz un tono rudo, que odiaba entregar a Allie.
-Hacé lo que quieras, pero sos una boluda por irte de la parroquial.
Allie, criatura que no recibía con agrado las malas opiniones acerca de sus decisiones fingió indiferencia de una forma curiosa: poniéndose  a la defensiva, jugando el papel de “Solo te lo estaba diciendo, no me vas a hacer cambiar de opinión” típico de una persona que sopesa muchísimo sus opciones y luego de tomar un camino, detesta que el resto le eche en cara los contras.
Aunque claro que con diez primaveras encima, ninguna de las dos tenía ni la más remota idea de esto.
Abatida en un comienzo por la noticia, rápidamente Emelyn recordó la cantidad de veces que su amiga solía cambiar de opinión acerca de las cosas. Antes de que se le cayera la moral por el piso y su confianza en sí misma se hiciera añicos, llegó a la conclusión de que Allie jamás la abandonaría. No se atrevería.
-Vos no te vas a cambiar a la 642, Allie.
-Si, me voy a cambiar. –contestó la castaña, con aires de aristócrata inglesa que se la sabe todas, retando a Emelyn a contestar algo más y comenzar una discusión.
-Te conozco, sé que no los vas a hacer.- Pensó Emmelyn, totalmente convencida. Su conocimiento de la psiquis alliana, como llamaba a la personalidad chispeante e innovadora de Allie, era tan grande que sin siquiera procesarlo podría nombrar sus cualidades, sueños y miedos. Solía tener ideas desbaratadoras e izquierdistas (tanto como lo puede ser una niña de nueve años) que daban saltos equívocos entre la inocencia y la indiscreción.
Soñadora innata, a menudo no percibía la aspereza de Emmelyn, su postura encorvada, sus ojos hinchados de llorar por las noches y su extremo cuidado en el uso de las palabras: jamás revelaba algo demasiado personal. Y si la percibía… digamos que no hizo muchos esfuerzos por atravesar el muro de concreto que su amiga había construido durante años alrededor de sus secretos. Solía bromear sobre el odio irracional que Emmelyn tenía por las actividades deportivas, su reticencia a practicar educación física, sus extraños hábitos y gustos: siempre tan alejados de las modas y tendencias impuestas por la televisión. No miraba Floricienta, no le gustaba el pop, Hannah Montana le parecía una hueca, los Powerrangers inmaduros, Scooby-Doo demasiado predecible. No fueron jamás diferencias irreconciliables, pero sí crearon una zona de acción tensa entre las dos. Allie presionaba, quería saber. Emmelyn no confiaba…
Tres meses habían pasado, no desde la discusión sino desde que las clases dieron por finalizadas. Fueron una tortura sin Allie, pero eso sólo lo admitía muy tarde en la madrugada mientras el sueño la vencía, transportándola a un portal desconocido, plagado de Allies burlonas, cariñosas, altivas, suplicantes… Cuando se levantaba por la mañana, hacía todo lo posible por ignorar los recuerdos. Lo mejor era dejar que pasara un poco de tiempo, se decía. Fiorella ya tendría otra persona con quien jugar el año que viene, Allie volvería a pertenecerle solo a ella, del mismo modo que lo haría cada segundo de su tiempo, y las aguas volverían a su cauce natural. Del que nunca debería haber salido, añadía mentalmente, pero para ello ya no había remedio.
Noventa días resultó ser tiempo suficiente para meditar sus acciones, las de Allie y las de Fiorella. Llegó a la conclusión que la culpable de todo era Fiorella por ser tan falsa y solo usar a su mejor amiga como una distracción temporal en lugar de valorarla como a un verdadero ser humano. Por otro lado, la culpa también era propia, por enojarse sin razón, por ser tan egoísta como para pretender que los 365 días del año Allie estuviese dispuesta a solucionar sus problemas y acompañarla. Se culpó por ser tan ciega y dejar que los celos la enemistaran con Allie. Se culpó por haber perdido tres meses sin deberes, sin escuela y sin Fiorella, que podían haberlos disfrutado a pleno bajo los cálidos rayos que emanaba Apolo.
Seguía lamentándose por los desplantes que le había hecho a su amiga, pero en vista de que no se cambiaría de escuela, todavía podía verla este año para disculparse y volver a los viejos hábitos. Inseparables como uña mugre.
Con la boca rebosante de excusas, disculpas, exaltada por la idea de volverla a ver, Emelyn bajó del auto de su madre a las 06.50 a.m del martes, tan puntual –rayando lo enfermizamente temprano- como siempre. Entró a la escuela con la mirada baja, como era su costumbre, y se dirigió hacia el curso que desde el año pasado sabía que le sería asignado en 5to. Se había saltado el lunes, primer día de clases, porque no quería presenciar toda la ceremonia que se sabía de memoria. Además, ni su madre ni su padre habían estado alguna vez en alguno de esos actos, mezclados entre la masa de padres orgullosos, para alentarla o tomarle fotografías junto a las maestras. ¿Para qué presentarse, sonreír, y posar junto a sus compañeros y maestras si ni mamá ni papá podrían verlo? Hacía demasiado tiempo habían sido enterrados, a tres metros bajo tierra, las ganas de actuar como un ser humano normal. Había que aceptarlo: no lo era.
A un horario escolarmente humano, encontró en la escalera a varias compañeras, Belén, Agustina y Antonella, quienes comentaban algo sobre empresas de colectivo lujosas en las que viajaban a Buenos Aires u otras ciudades de alcurnia. Al cabo de unos minutos, se atrevió a preguntar como quien no quiere la cosa, quienes había pasado de año, quienes estaban, quienes se habían cambiado del turno tarde a la mañana, quienes se cambiaron de colegio, quienes repitieron, que maestra les tocaba, etc.
Algo de lo que nunca se olvidaría, en su vida, sería de ese momento. Cuando la pregunta capciosa más esperada de su vida dejó sus labios. Jamás estuvo preparada para la respuesta que recibió, Emelyn nunca había estado preparada para las indiferentes palabras que salieron deliberadamente de la boca de Belén.
-Emiliano se cambió al Crecer, ¿te acordás de él? El que se hizo encima y dijo que era jugo, jajaja.
-Y Allie también. Se cambió, pero no sé a qué escuela.
Y en ese mismo instante, el mundo se derrumbó sobre sus hombros. Fingió interés es el resto de los comentarios que le hicieron sus compañeras, pero nada se registraba realmente en su mente además de la frase Allie se fue. Allie se fue. Me dejó, como dijo que lo haría. Soy una boluda. Se fue. Se fue, Se fue.
No tiene sentido relatar el resto del desastroso año lectivo 2006. Totalmente perdida en un aula de 30 alumnos, Emelyn no conseguía adaptarse a ningún grupo con éxito. No solía mirar Floricienta y Allie siempre se lo había reclamado. Ahora la telenovela de moda era Patito Feo, así que por lo visto debía comenzar a mirarla con regularidad para captar el tema de conversación de las divinas y de las populares. Las fiestas comenzaron a llegar, y ella asistía a todas. Se convirtió en una persona fría, indiferente, superficial. Todo lo que pensaba era en que ropa se pondría en el próximo evento, como hacer para que la gordura se le note menos, criticar el acné de fulanita, las cejas mal depiladas de menganita…. Y así, tres años se sucedieron en continua superficialidad.
Totalmente ciega, Emelyn no sabía hacia donde correr. La máscara que se encargaba de tatuar en su cara se desmoronaba al momento de pisar su habitación en penumbras. Se pasaba las noches en vela, llorando por la amiga perdida. Nada tenía sentido ya, las hormonas la tenían perdida, cambios y pérdidas entremezclándose en su vida sin encontrar a nadie que la entendiera, y tampoco buscando ayuda realmente. Ansiaba ver a Allie de nuevo con todo su ser, pero al mismo tiempo la odiaba por haberla arrojado a los lobos.
Comenzaba a ver como el mundo la veía: la gorda sabelotodo chupamedia de las maestras. La verdad era una muy lejana, sin embargo se sorprendió a sí misma creando muros más altos en torno a su personalidad que había sido quemada y reducida a cenizas etéreas con el desgarro del abandono. Como una huérfana en harapos frente a la aristocracia rusa, vistió, habló, se peinó y pensó como se suponía que debía hacerlo. Toda la inocencia, los sueños, las esperanzas que albergaba su alma comenzaron un lento proceso de letargo mortal en el segundo día de clases del año 2006. Como el ave fénix que renace de sus cenizas, Emmelyn se reinventó a sí misma por ósmosis hipócrita y surgió como una tibia chispa, posterior fuego abrasador. Ya no había nadie con quien jugar a la reina sobre una alfombra de goma con las letras del abecedario. Es más: ya no había tiempo para jugar. No tenía más que diez años, solo una pequeña niña, pero la crueldad e hipocresía de su entorno escolar, las heridas del divorcio paternal, el abandono… la redujeron a nada y todo. Le dieron fuerzas, le dieron gotas de sabiduría. Maduro y se fortaleció. Ahora…






                               She’s stronger than the flames

Un poco más sobre Blue October

Delirios de Penny Lane a las 21:00
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Long time, no see, I know that. Hace casi dos meses que no publico nada y la verdad no tengo muchas excusas. Estuve trabajando como voluntaria, subtitulando videos, poniéndome al día con libros pendientes... pero nada lo justifica en realidad. Así que sin mucho preludio, me gustaría seguir babeando cibernéticamente por Blue October xD


Cuando finalmente llegué a la conclusión de que one day or another I would get tired of Blue October, resulta que encuentro una serie de videos donde Justin Ferstenfeld, el vocalista principal y mi amor platónico  frontman de la banda, explica algunas canciones y les da un sentido inesperado a todo el álbum "History for Sale"
Tenía pensado poner ese video a continuación,pero como hay uno por cada canción del album "History for Sale", los iré subiendo a medida que los vaya subtitulando. Espero que cuando lo haga, puedan coinciden conmigo: es imposible cansarse de Blue October. Los matices que tienen todas las canciones, la profundidad que conllevan, el sentimiento con el que las interpreta, la forma en que explica cosas que solo alguien que estuvo en su lugar podría entender... It's amazing. Si alguna vez creí que podía tirar la toalla con la banda, o prescindir de la voz de este ángel y el violín de Ryan Delahoussaye, estaba equivocada.

El el auge de todo esto, trastabillando por la net encontré una canción titulada
"The Scar"
 lo que en sí ya constituye un nombre atractivo y prometedor. Resulta que pertenece a un álbum solista de Justin llamado 9551,un proyecto que no salió a la luz propiamente pero los singles se añadieron a otros discos o están dando vueltas por ahí en versión acústica. Ese es el caso de The Scar, que les prometo, me puso la piel de gallina, me emocionó desde las primeras notas de guitarra e inmediatamente se transformó en mis favoritas cuando leí la letra.Tal vez sea demasiado fanática, tal vez a otros les parezca una auténtica bazofia, tal vez no sea para tirar cohetes; ni la banda ni la canción. Me importa tres rábanos podridos, a mi me fascina.
En fin, aquí va una dedicatoria de Justin a su madre:


"This song is called The Scar.  And this song took so damn long that my mother keeps begging me to play it.  So this is for you, Mother.  Keep in mind that I haven't played this in a long time...this song goes out to all the people who knew me back then." *

-Justin at Zelda's 03-14-98

This song is one of Justin's mom's favorites.



video



I'd like to sneak around your house

When everyone's asleep
Tiptoe across the door-room mat
That used to welcome me
Then gently shut the door
To see a brand-new Christmas tree
And the silence pounds like a kettle drum
And a chill runs through me


Chorus:
But does she ever miss me?
I still hear her singing
Just like an orchestra, just like a painting
With velvet brushes and wooden framing
A familiar Monet that's worth renaming
The scar


I choked up the dirt, completely hurt
I ran straight through them all
Then pushed aside what's left of pride
And trembled through the hall
And there stands a door you'd seen before
When all you knew you was down
And your perfume breath brought peaceful death
On sleepy silver gowns


Chorus;
But does she ever miss me?
I still hear her singing
Just like an orchestra, just like a painting
With velvet brushes and wooden framing
A familiar Monet that's worth renaming
The scar


Yeah, to wake is such a dreaded thing
To sleep is such a hole
I eat without your company
I drink till I unfold
And now hear the end of everything
Just thrown onto the ground
But October fell and broke my shell
And all I knew was down


May-ya-da
May-ya-da
May-ya-da, oo
Ya da die, may ya die
May ya die, oo
Ya da da, oh-oh
Ya da da, ya da die, oh



*La dedicatoria de Justin se puede traducir así:
"Esta canción se llama La cicatriz. Y me tomó tanto tiempo escribirla que mi madre no deja de rogarme para que la toque. Así que esto es para tí. Recuerda que no la he tocado en un largo tiempo... esta canción es para todas las personas que me conocieron en esa época."

Bueno, por si no entienden mucho, Justin Furstenfeld tiene un pasado bastante negro. Cuando estaba en la secundaria y vivía en Texas, tenía una novia que lo dejó por su mejor amigo. La ruptura le pegó tanto que tuvo una serie de episodios maníaco-psicóticos y tuvo que ser internado en un psiquiátrico. Cuando salió, comenzó a abusar de las drogas... y pasó muchísimo tiempo fuera de casa. Mi humilde interpretación es que la canción es que uno de esos días en su habitación en la clínica comienza a pensar en como sería volver a casa. Estar de nuevo con su madre, escucharla cantar... Está deprimido y echa de menos hasta las cosas más insignificantes que tenía en su hogar.

¿Que piensan? ¿Demasiado melancólico? ¿Les gustó?
Dejen un comentario y cuéntenme si escucharon otras canciones de Blue October, si les gustó alguna, que piensan de The Scar :D

#Delirios out

martes, 7 de agosto de 2012

Sal con una chica que lee

Delirios de Penny Lane a las 9:12
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Sal con una chica que lee

 (Rosemary Urquico)



Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.


Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.


Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella. 






Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.



Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

~*~

Es amor a primer leída lo que tengo por Rosemarie Urquico, quien lo escribió a modo de respuesta al escrito anterior de Charles Warnke Estoy completamente de acuerdo con cada palabra. Sólo hay un detalle, uno que nadie se detiene a explicarle a las chicas que leen: Conocer chicos es toda una odisea, como la de Ulises. A mi me echaron tierra sobre la profesión de lectora aficionadamente adicta a los 12 años, nada menos que mi padre. Había terminado de leer a Homero, (La Odisea y La Ilíada) y pretendía comenzar el Baghavad Gitá. Me pinchó el globo, o al menos lo intentó, diciendo que baje un cambio porque no cualquier pendejo se banca una mina que tenga las épicas de Homero sobre los hombros.




¿Que tu propio padre te diga que por leer no vas a encontrar novio? Ok, eso definitivamente entra en la lista de cosas que jamás voy a olvidar. Me pareció machista, retrógrado, anticuado, tonto y otros adjetivos calificativos más.

Pero es cierto. No cualquiera nos banca, y eso es lo que lo hace todo mas especial. No será cualquier tonto el que esté a nuestro lado, será alguien con quien puedas hablar de los personajes ficticios como si fueran reales. Alguien con quien se podrá citar a Albert Schweitzer sin que te miren raro.

Personalmente,en cada novela me vuelvo a enamorar. Mi hermano me dice a menudo que estoy loca por gritar, emocionarme, llorar y saltar en escenas emocionantes. No puedo evitarlo, sin siquiera ser consciente estoy sonrojada en una pelea, llorando, sonriendo, saltando e hiperventilando cuando los protagonistas por fin están por solventar algo. Amo usar palabras nuevas aprendidas en el último libro. Me río por pavadas que nadie más encontrará divertidas. 


Volviendo al tema, el hecho de preferir una tarde de lluvia  para leer a un día en la playa mirando torsos esculturales; que nos pasemos un sábado por la noche en casa leyendo a Tolstoi, que prioricemos los libros a la ropa o el maquillaje, que tomemos café, té, capuccino, chocolate en vez de Red Bull o Grey Goose Vodka... Eso pesa, del mismo modo que lo hace el echo de estar medio enamoradas de los protagonistas masculinos de nuestros libros favoritos.


Algunas veces me gustaría salir más, emborracharme en un pub y apretarme hasta la asfixia con otros 50 cuerpos en un espacio reducido; tal vez así consiga un novio de una ve
z por todas. Pero cuando lo pienso mejor, esa simplemente no sería Penny. Y por otro lado, ¿Quiero encontrar a un chico que valga la pena restregandome contra el en medio de humo, drogas y sudor? ¿Con alguien que todo lo que valora son los senos opulentos, piernas torneadas y boquitas pintadas?

No, gracias.

Me gustaría ser apreciada por quien soy. Por la música que me gusta, no por la que está de moda.

En fin, esta es mi humilde opinión y creo que todos merecer/deben leer este escrito. Es simplemente hermoso.

Gracias al blog Firework, por darlo a conocer. Fué ahí donde lo leípor primera vez. Y gracias a Maiya por ser tan buena onda y dejarme difundirlo aquí.

Hasta la próxima!

jueves, 2 de agosto de 2012

Sal con una chica que no lee

Delirios de Penny Lane a las 22:29
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Sal con una  chica que no lee
 
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. 


Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta. 


Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe. 


Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.


Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato. 


Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida. 


Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza. 


No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

~*~


¿Que les parece? ¿Están de acuerdo con este hombre?
Yo creo que es exactamente lo que se puede esperar. Con una mujer que piensa, que es creativa, que sueña en alto como las que leemos y/o escribimos, se sentirían demasiado presionados. Demasiado presionados por ser mejores personas, por no caer en la rutina. Too much para los que esperan una pareja curvilínea que se conforme con migajas. No me voy a poner a filosofar yo, porque para eso ya estoy poniendo los escritos. Simplemente me pareció curioso el tema, la opinión masculina y todo eso. Soy feminista al mango, por lo tanto me encantó un escrito Rosemarie Urquico en respuesta a lo dicho anteriormente por Charles Warnke. 
Es na clara respuesta a como nos tienen catalogadas los hombres. Me dió una respuesta, un vistazo a el orgullo de macho que tienen todos. Y a la vez, me causó gracia la última parte:

Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

Típico. Se frustran y la mejor solución que encuentran es echarnos porque se resisten al cambio. Retrógrado y machista. OJO, esta es mi opinión, aunque tampoco quiere decir que no lo entiendo. En absoluto. Cuando me pregunté si un hombre saldría con una chica que lee pensé en esto. Traté de meterme en la cabeza de un hombre por unos segundos,aunque no todos son iguales.
Por eso les digo a todos los chicos, salgan con una chica que lee. Está bien temerle a su innata curiosidad, a su palabrerío digno de la Real Academia Española, pero saben que? Ellas los harán volar más alto que ninguna de las otras chicas que conozcan en un bar. Subirán al árbol que siempre quisieron pero a la vez temieron caer. Caminarán en la lluvia por el puro placer de llevarla de la mano, así sea para comprar  la última edición de Goethe.
Lee mi próxima entrada, y sobre todo, SAL CON UNA CHICA QUE LEE.

martes, 24 de julio de 2012

Acumuladores Compulsivos: yo y el mundo

Delirios de Penny Lane a las 17:03
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Es un poco rara la forma en que acumulo cosas. Objetos de indiscutible utilidad para alguien creativo, para alguien que continuamente realiza manualidades, forra cajas, entrega obsequios. Es decir, a i no me sirven ninguno de los cachivaches que tengo sobre el armario.
Me pregunto si no seré una de esas personas con trastornos de personalidad, como las de un programa de Discovery Home & Health que vi una vez. Esos infelices son incapaces de deshacerse de lo más mínimo. Muchos terminan cayendo en la desgracia total, con habitaciones repletas de recuerdos milenarios, décadas de su vida que quedaron demasiado lejos para ser alcanzadas con la memoria. ¿Es por eso que se niegan tan fervientemente a dejar ir objetos aparentemente inservibles? ¿Es posible que echemos tanto de menos una época de nuestras vidas como para que nos aferremos a las migajas de lo que alguna vez fue parte de nuestra felicidad?
Yo creo que sí. En mi caso, es casi doloroso echar a la basura cosas bonitas. Los envoltorios de regalos, por ejemplo. O los moños que adornan a los regalos. Ni siquiera me atrevo a romper con fuerza el envoltorio para ver que contiene, por miedo a dañar irremediablemente el delicado y hermoso papel. Y algunos dicen Es solo papel, Penny. Si no lo rompés, no te da suerte. Bueno, eso explicaría muchas cosas. Si tan sólo fuera falta de suerte…
Pero no puedo, me da lástima, me produce dolor ver como los que me rodean en Navidad destrozan lo que alguna vez fue pasta base con madera de pino. Lo que alguien, con delicadeza y meticulosidad se encargó de doblar, pegar en los lugares indicados, adornar. Alguien se tomó el trabajo de elegir el color de papel, el diseño, su textura. Brilloso o mate. De colores o a rayas, con libros, con flores o con globos. Alguien se tomó el trabajo de envolver el regalo, o de al menos decir un par de palabras a la vendedora: ¿Puede envolverlo para regalo?
Y por tonto que parezca, por efímero que haya sido el momento, ese trozo de papel significa que alguien, en algún lugar, en algún momento previo a una festividad, se permitió tenerme en sus pensamientos. Se acordó de mí y se dijo ¿Qué diablos le pudo regalar a Penny? Es una persona que me tiene presente, al menos de vez en cuando. Romper el envoltorio y luego simplemente tirarlo a la basura sería un sacrilegio. Una bofetada en la cara para el que regala. No me veo capaz de hacerlo, para nada. En fin, ese es mi puno, mi defensa con respecto a los envoltorios de regalos antiquísimos que reposan dentro de una caja de zapatos sobre mi armario.
Oh, ¿mencioné que tampoco me gusta tirar las cajas de zapatos? Pues sí, otra vez yo acumulando cosas. A menos que esté demasiado arruinada, húmeda y destrozada, me niego en seco a tirar cajas. Soy capaz de hacerles algún tipo de bricolaje, con pedazos de revistas y cola, para recuperar la dureza del cartón. ¿Pero tirar? No señor. Tal vez suene totalmente deschavetada, pero hay un millón de cosas que se pueden guardar dentro de las cajas de zapatos: facturas viejas, recibo de sueldo, las carpetas del colegio de años anteriores, certificados, joyas, bolsas de regalo (tampoco me gusta tirarlas), útiles escolares….
Y así es como terminé a los 16 años coleccionando revistas, cajas de zapatos, ropa interior de cuando era niña, bolsas preciosas que te dan por la compra de ropa en boutiques, frascos de perfumes, grullas de papel, CICATRICES, estrellas de papel plegado con indiscutible talento, canciones (que alguna vez me gustaron y nunca más las escuché pero se ganaron su espacio en mi disco rígido), monedas extranjeras, monedas del bicentenario de mi país, boletos de viaje viejísimos, frascos de desodorantes usados, potes de crema corporal, pendientes, revistas de chismentos, celulares, cargadores de celulares Nokia, agujas clínicas, tabletas de Loratadina, hojas A4 para impresiones usadas de un solo lado (listas de compras, libros interesantes, canciones… cualquier cosa escribible puede darle uso a las hojas inutilizadas por un manchón de tinta previo), cajas de perfumes, cajas de lencería, cajas de lo que sea… Boletines de la primaria, certificados sin validez, trabajos prácticos sobre temas que probablemente nunca me servirán en la vida como el Taylorismo o la biografía de Cristóbal Colón.
Uf… I’m so sick! I wish I could collect friends too, but in that subject I really suck.
~~~
Pasando al mundo en general, esto es lo que encontré sobre los primeros acumuladores:
“Uno de los casos más severos de acumulación extrema o hoarding (en inglés) fue dado a conocer en marzo de 1947, cuando la policía de Nueva York fue llamada a investigar el hallazgo de un cadáver en un edificio de tres plantas en Harlem. El lugar pertenecía a dos hermanos ancianos, Langley y Homer Collyer, y cuando los agentes entraron en el inmueble se quedaron espantados con lo que descubrieron. 

Montañas de basura que llegaban hasta el techo incluyendo 14 pianos, un auto Ford modelo T y los restos de un feto de dos cabezas. Más eso no fue lo peor. Dentro de un sistema de túneles para andar entre los desechos, yacían los cuerpos sin vida de los ancianos, uno aplastado por la basura y el otro muerto de inanición.

La historia de los hermanos Collyer es sin duda uno de los casos más extremos de hoarding registrados en EE.UU., sin embargo este es un fenómeno más común de lo que muchos se imaginan.

Según la medicina, las personas que sufren de este síndrome no se pueden desprender de ningún objeto, aunque sea inservible, y muchas veces viven tapados por toda clase de cosas que atesoran, sumergidos en el caos. Esta compulsión de acumular no es el verdadero problema, la dificultad real es no poder deshacerse de las cosas inútiles. Los estudios neurológicos demuestran que los afectados por este trastorno presentan diferencias en el funcionamiento de cierta zona del cerebro, con respecto a sujetos que no lo padecen. La raíz de este desorden parece que está localizada en la corteza frontal que es la que inhibe el impulso básico que tiene el ser humano de acumular.

La vida de estas personas suele ser caótica, porque apenas pueden circular por las habitaciones llenas de trastos de todas clases, que muchas veces incluyen todo tipo de desperdicio. Generalmente son personas que viven en el ostracismo, no permiten que nadie entre a su casa porque aunque se avergüenzan del estado en que viven, no son capaces de desprenderse de nada.
 (DCL)
Las personas que acumulan grandes cantidades de objetos desechables, entablan un vínculo afectivo con cosas intrascendentes, con la secreta idea de que alguna vez les pueda servir para algo. Para ellos, todo puede tener utilidad algún día, una banda elástica rota, un clavo oxidado, papeles inútiles, cuadernos de la escuela primaria, facturas de hace veinte años, medias agujereadas, cartones, cajas de todo tamaño, envases vacíos, sobres usados, bolsas de plástico, un vaso roto, fósforos quemados, palitos de helados, bolígrafos gastados, botellas vacías, etc. Como paradoja estos sujetos suelen ser por otro lado perfeccionistas al extremo, pero fallan al establecer un vínculo emocional con los objetos considerándolos parte de su propia historia.

Sus casas se van transformando en siniestros museos de cosas viejas, sillas destartaladas, muebles desvencijados, una heladera que no anda, una máquina de escribir del siglo pasado, ropa inutilizable y toda clase de adminículos de dudoso origen que no sirven nada más que para ocupar un lugar en cualquier rincón, debajo de un centenar de objetos increíblemente inútiles.

Estos acumuladores compulsivos tienen dificultades para clasificar y organizar, porque les resulta difícil separar a los objetos en categorías cuando para ellos cada uno tiene un significado único. La dificultad radica en distinguir lo importante de lo irrelevante, porque todos los objetos tienen el mismo valor subjetivo cuando les pertenecen.


Los acumuladores compulsivos tienen serios problemas de relación con quienes conviven porque lentamente van invadiendo todos los espacios libres, ocupando con sus pertenencias todo lugar vacío.

El problema básico del acumulador compulsivo se relaciona con la dificultad para tomar decisiones; que en este caso es el conflicto que genera la disyuntiva entre tirar o guardar; siendo siempre la postura más conservadora la vencedora, porque es la que no implica ningún riesgo.

A estas personas, desprenderse de sus cosas inútiles les produce angustia y desazón y son capaces de reaccionar violentamente si alguien se atreve a despojarlas de sus pertenencias tirándoles algo a sus espaldas, aunque sea una bolsa de plástico.

El problema es que los que acumulan cosas inservibles no tienen conciencia de que su conducta sea irracional o absurda y aunque se dan cuenta que tienen que lidiar con el caos a su alrededor, no consideran que sea un comportamiento anormal o patológico.

A pesar de todo existe la posibilidad de tratamiento psicológico de este trastorno con buena respuesta, pero lo difícil es que el paciente se decida a pedir ayuda terapéutica.

Ok, ahora estoy considerando seriamente mi inusual cariño por los boletines viejos  las cajas de zapatos.
Incluso en un capítulo de la serie Dr. House, la paciente de dicho doctor padece esta enfermedad. A causa de los montones que se acumulan en cada espacio de su casa, la joven enferma de …..*

¿Y ustedes, queridos lectores, son también acumuladores? No en la gran escala, no hablo de los reconocidos por la medicina como acumuladores, sino los que como yo, por H o por B, les cuesta deshacerse de objetos materiales que los acompañaron en momentos difíciles, o que fueron obsequiados en San Valentín, en algún cumpleaños…



Fuentes:

jueves, 5 de julio de 2012

Blue October: arte, historia y pasión

Delirios de Penny Lane a las 0:57
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Para comenzar a expandir Penny Lane, quiero presentar música, bandas que admiro/idolatro, pintores geniales, escritoras con Rosemarie Urquico que nos suben la moral a todas las mujeres, etc.
 Porque es una de las vértebras de mi vida, porque es una fuente importante de mi inspiración (además de inagotable), porque sin ella no podría seguir, porque muchas veces es la única que me entiende. Por una y mil razones, muchísimas personas en el mundo adoran la música. Hoy, yo les hago tributo a personas que realmente, hacen arte, tocan música, escriben historias.
Para ello, nada mejor que el rock alternativo, una de las ramas de la música más apreciadas por mí. Existen muchísimas bandas, algunas hiper conocidas como Paramore, otras no tanto como The Script y otras prácticamente desconocidas. Ya sea por la mala difusión, por lo influenciados que estamos (la sociedad en la que me muevo) por pseudo estilos como el reggaetón, la cumbia y el electro -pobres retazos de lo que alguna vez fue techno, cabe decir- o por la cuales quieran que sean las razones, hay algo que HAY QUE CAMBIAR. 
Me estoy refiriendo puntualmente a una banda llamada Blue October. Es básicamente rock alternativo lo que cantan: sin embargo, como pasa con todo, dependiendo de la canción encontramos distintas tonalidades, distintas clases de rock, que te sacuden los sentimientos. Algunas veces en el mismo disco, otras veces en la misma banda. Como sea, es escasa la información que hay sobre ellos, así como también las personas que los conocen. En EE.UU es más conocido, por ser de allí supongo, pero en el resto del mundo es más bien pasada por alto.
En youtube, por ejemplo, me costó un ovario encontrar videoclips de ellos que estén subtitulados en español. Simplemente no los hay. Y es definitivamente una pena, porque son grandiosos, porque Justin Ferstenfeld (el vocalista) canta con el corazón en la mano, porque sus temas son en su mayoría muy personales, porque no son los típicos rockeros que se llevan el mundo por delante. Simplemente son ellos, liberándose con la música, sanando a través de ella, moviendo los sentimientos de las personas que los escuchan.
Blue October es profundo, es triste, es dulce…. It’s amazing.
Y me dije: ¿Por qué no usar mi blog para hacerlos conocer? Además de que dudo que muchas personas entren aquí, no tengo vientos en contra. Así que aquí estoy, iniciando con la primera canción que escuché de ellos, 18th Floor Balcony.
Es el 13er corte de su 5to disco "Foiled", uno de los responsables de su salto a la  fama. Fue su su primer Álbum Platino en EE.UU y Canadá. 

 "Hate me" e "In to the Ocean" fueron los más reconocidos, sin embargo 18th Floor Balcony tiene mucho más significado para mí así que es el protagonista de esta entrada. Ahí les va la letra:


18th Floor Balcony

I close my eyes and I smile,
knowing that everything is alright
To the core, so close that door
Is this happening?

My breath is on your hair, I'm unaware
That you opened the blinds and let the city in
Oh God, you held my hand and we stand
Just taking in everything

And I knew it from the start
So our arms are opened wide
And your head is on my stomach
And we're trying so hard not to fall asleep
Here we are on this 18th floor balcony
We're both flying away

So we talked, about moms and dads
About family pasts
Just getting to know where we came from
Our hearts were on display
For all to see
I can't believe this is happening to me

And I raised my hands as if to show you that I was yours
That I was so yours for the taking
I'm so yours for the taking
And that's when I felt the wind pick up
I grabbed the rail while choking up
These words to say, and then you kissed me

And I knew it from the start
My arms are opened wide
And your head is on my stomach
And we're trying so hard not to fall asleep
Here we are on this 18th floor balcony
We're both flying away

And I'll try to sleep
To keep you in my dreams
'Til I can bring you home with me
I'll try to sleep
And when I do I'll keep you in my dreams

I knew it from the start
So my arms are opened wide
And your head is on my stomach
And we're trying so hard not to fall asleep

So here we are on this 18th floor balcony, yeah
I knew it from the start
So my arms are opened wide
And your head is on my stomach
No, we're not going to sleep (sleep)
Here we are on this 18th floor balcony
We're both flying away

La vi numerosas veces en fics de Twilight como playlist recomendado. La primera vez recuerdo que fue en uno a medio traducir llamado "Making love out of nothing at all" aunque no le dieron tanta importancia al tema o yo le di la atención suficiente. Despúes hablan sobre la banda en muchos capítulos del fic "And then there's you" de StuvLu, icreíble fic, por cierto. Y finalemente en "Emancipation Proclamation", un fic que fue sacado de la net porque se convirtió en el libro Sempre  (y para mi sorpresa puso la canción en el libro-libro) de la escritora J.M Darhower, en este ultimo fic, la canción realmente me llegó y a pesar de que ya la conocía, cada vez que la escucho me imagino a sus personajes tocandola en el piano, llorando, emocionándose con la canción.

Honestamente, cuando veo links para dirigirme a otras webs lo que menos hago es seguir indagando en el tema, salvo caso que me haya interesado demasiado. Es por eso que les dejo los artistas actuales que componen a Blue October, porque esta banda como muchas otras, también ha sufrido altibajos que les costó la estadía de más de un vocalista  o músico.


Bueno, el vocalista principal es ademásmi amor platónico Justin Furstenfeld, quien ha estado en la banda desde el comienzo, desde el octubre otoñal donde todo surgió. Como si fuera poco (ok, exagero porque estoy enamorada de su voz y su personalidad y sus ojos y su todo xD) toca la guitarra, la armónica y el piano dependiendo de la canción.


Jeremy Furstenfeld hace los coros de fondo, además de ser otro pilar base de Blue October desde sus inicios, es hermano de Justin. Toca la batería.


Matt Noveski de quien no se demasiado, también es vocalista, toca el bajo y la guitarra acústica.
Ryan Delahoussaye es un genio con el violín, la mandolina, la viola, la pandereta, el teclado y por supuesto, también canta. No se ofusquen que no lo hace todo en la misma performance, sino que va rotando de instrumento según la canción.


Por último tenemos a Julian Mandrake, quien toca la guitarra principal.

 

En caso de que no sean tan haraganas como yo, pueden informarse:
 
Disfrútenlo, difundan y sobre todo escúchenla! No se arrepentirán.
 
No se olviden de comentar =)

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